“Enamorarse no tiene chiste; amar, es otro rollo”

Autor: Mónica Olvera Macedo.

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Enamorarse no tiene chiste o mérito, como lo queramos llamar; es más bien un regalo de hermosa envoltura que recibes, es una fortuna que pasamos en algunos momentos de la vida. Enamorarse no te duele ni te es desagradable, no es algo heroico. Todo lo contrario, es uno de los estados pasajeros en los que la persona se siente más plena y dichosa, sobre todo cuando es recíproco; pues se cree haber encontrado al hombre/mujer ideal, o estar ante la posibilidad de un amor eterno. Pero amar, es otro rollo.

Muchos creen que enamorarse es lo mejor que han hecho, lo vemos como el mayor logro y nos alegramos cuando nuestros amigos ponen caritas en Facebook de que están enamorados. Sin embargo, lo que nos debiera causar mayor felicidad es ver dos personas que en un matrimonio, en lo cotidiano, se aman, ya con pañales sucios, ya con deudas, ya con más kilos, etc.

Se puede decir que el paso siguiente al enamoramiento y proceso de conocimiento, es el amor. En el amor, ya tomo una decisión, la decisión de comprometerme a querer, cuidar y ser completamente fiel a la persona de la que me enamoré. Y es un compromiso que no tiene fin, es firme y permanente. Pero comprometerse a servir al otro, a tratarlo como a la niña de los ojos siempre, con lo que significa “siempre”... es prácticamente imposible. Sin embargo todos queremos amar hasta lo imposible.

Y es lo más normal que nos sea complicado mantener una línea perfecta de puros actos de atención, servicio, detalles, amabilidad con una misma persona. ¿Por qué? porque todo ser humano, tiene por naturaleza la inclinación al egoísmo, a buscar el propio bienestar sin importar el de los demás, porque es dificilísimo mantener una paciencia intachable, una generosidad magnánima, una amabilidad sin fisuras, etc. Lo más común es tropezar diariamente en nuestras relaciones humanas sea eligiendo para mí, el pan dulce que más me gusta, ganando primero el baño, reclamando calienten mi comida, criticando algo, lanzando un comentario sarcástico, etc.

Todo lo anterior, aunque sea instantáneamente, contradice el compromiso de amor que ofrendamos el día que prometimos “amar y respetar todos los días de mi vida”. A veces nos envolvemos en el trajín del día a día y esta promesa la enterramos por completo en el archivo de los recuerdos, son sólo treinta segundos que se quedaron grabados en el video de bodas. Pero precisamente este olvido del compromiso de amor contra viento y marea, contra el vaivén de los sentimientos, pasiones y canto de sirenas; es lo que muchas veces nos genera una sensación de intranquilidad, amargura, irritabilidad y depresión.

Necesitamos todos los días al levantarnos y ver a nuestro cónyuge recordar que no nos casamos para estar enamorados, o para sentirnos la princesa y príncipe encantados, sino para amar y hacerle saber que mi vida, mi tiempo, mi persona, los he decidido empeñar en la misión de cuidarlo y buscar su crecimiento, acompañándolo todos los días. Querer “querer”, ya es un gran paso para llegar a amar. Contemos con la ayuda de la fuente del Amor, para que vivamos el silencioso heroísmo de amar cada día un poco mejor.