Alrededor de la mesa

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Piense por unos instantes cuáles han sido los momentos más agradables de su vida familiar, las situaciones en las que más ha podido disfrutar de la compañía de sus seres queridos; las oportunidades en las que ha sentido que el ambiente era propicio para expresar una opinión, compartir información o aclarar alguna duda; las ocasiones en los que en forma fácil y natural pudo dar o recibir un consejo, o demostrar a los miembros de su familia que los valora y aprecia. 

Al traer a la mente sus experiencias al respecto, seguramente va a caer en la cuenta de que muchos de esos momentos ocurrieron alrededor de la mesa.  Y es que cuando dos o más personas se reúnen para compartir los alimentos, también están poniendo sobre la mesa un valioso tiempo en común, una oportunidad para el  intercambio y el diálogo, un momento de cercanía y tranquilidad, que se presta para vivir experiencias significativas. 

Una oportunidad que vale la pena.

Son muchos los estudios que han demostrado que las comidas en familia tienen un impacto positivo en el desarrollo de los hijos y ayudan a mejorar las relaciones entre los miembros de la familia, ya que al coincidir todos los integrantes en un mismo momento y lugar, se dan condiciones que favorecen y promueven la plática, la convivencia y el intercambio que fortalecen los lazos familiares.

De manera especial, son una “oportunidad de oro” para promover el diálogo con los hijos, escuchar sus inquietudes, aclarar sus dudas y transmitir valores, aprovechando los acontecimientos del día, sus vivencias o incluso las noticias, para invitarlos a expresar sus opiniones y puntos de vista y en base a eso, hacerlos reflexionar y orientarlos para que tomen decisiones inteligentes.

Pero para que la oportunidad realmente se aproveche, es importante hacer lo necesario para que cada reunión se convierta en un momento agradable, en el que todos se sientan confortables y en un clima de confianza mutua, que los disponga a compartir sus experiencias e ideas, en un ambiente que favorezca el desarrollo de la confianza entre padres, hijos  y hermanos.

Remar contra corriente.

Muchas personas se han visto orilladas a sacrificar las comidas en familia, convenciéndose de que son incompatibles con el ritmo de vida actual.

Ciertamente las circunstancias han cambiado, pero si se hace un esfuerzo y se buscan soluciones creativas, es posible encontrar oportunidades para concertar en familia esos momentos de convivencia.

Hay familias que han acordado coincidir, de común acuerdo, en determinados días y horarios y se han comprometido a cumplir, sin excusa, lo que juntos decidieron.

Hay quienes han encontrado que la cena en común se acomoda mejor a las diferencias en actividades y horarios.  Para otros, el fin de semana presenta las mejores oportunidades.

Cuando no es posible reunir a toda la familia, también hay oportunidad de ayudar a los hijos. Hay familias en las que la mamá no sólo da de comer a cada hijo en un horario distinto, sino que se sienta con ellos y los acompaña, a cada uno en su momento, a fin de estar disponible para el intercambio y el diálogo

Es tal la dinámica de la vida actual, que no hay una fórmula única, pero si se busca el “cómo sí”, no hay duda que se encontrará una solución a la medida, para aprovechar la valiosa oportunidad de convivir durante las comidas, con los demás miembros de la familia.

Impacto en los hijos.

La comida en familia ayuda tanto a la relación de pareja como a la convivencia con los hijos;  las investigaciones arrojan resultados sorprendentes.

Comportamientos de riesgo en los hijos. Investigadores de la Universidad De Paul en Chicago, reportaron que: “Los niños y adolescentes que comen en el hogar con sus padres, están más alejados de comportamientos de riesgo”. Señalando además que: “La frecuencia de las comidas en familia, influye de manera importante en el grado de adaptación de los adolescentes”.

Alcohol y drogas. Un estudio realizado en la Universidad de Minnesota y publicado por el Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine concluyó que: “Los adolescentes que comen en familia con frecuencia, mostraron menores tendencias al uso de: tabaco, alcohol, marihuana, bajos promedios de calificaciones, síntomas depresivos e intentos de suicidio”.

Ansiedad y depresión. En un estudio en el que participaron 259 jóvenes de entre 14 y 23 años que vivían con sus padres, los investigadores reportaron que: “Existe una clara relación entre la ansiedad y la depresión de los adolescentes y el hecho de no compartir algunos momentos del día con su familia”.

Obesidad. La soledad y la depresión llevan a comer en exceso, por lo que “el declive de la comida familiar es una de las causas que ha provocado el aumento de la obesidad”, según afirma el investigador Mickey Freeman.

Anorexia. Los hijos que no comen en familia tienen mayor riesgo de sufrir severos trastornos alimentarios, como: anorexia, bulimia, o hacer dietas extremas para bajar de peso. La Universidad de Minnesota realizó un estudio entre más de 4,000 adolescentes encontrando que: “Cuando los adolescentes comparten más comidas con sus padres, el riesgo de sufrir problemas alimentarios disminuye”.

Equilibrio en la alimentación.Otra de las conclusiones del  estudio realizado en Chicago, es que los niños y adolescentes que comen con sus padres tienen una alimentación mejor y más balanceada que quienes comen solos o fuera de casa.

Qué hacer para que la comida en familia sea positiva.

  • Definir de común acuerdo los días y horarios más convenientes para todos y comprometerse a respetarlos.
  • Tomar las medidas necesarias para que la comida en familia sea un momento feliz, agradable y alegre para todos los involucrados.
  • Invitar a todos a dar ideas para que ese tiempo sea agradable y de calidad.
  • Promover el intercambio y el diálogo. Si el diálogo no surge, plantear temas de interés común.
  • Escuchar con atención lo que los demás tienen que decir.
  • Mantener apagado el televisor.

 

Lo que hay que evitar:

  • Estar leyendo el periódico o encender la televisión.
  • Ignorar a los presentes.
  • Dedicarse sólo a comer sin conversar.
  • La falta de atención a lo que se está comentando.
  • Que la comida se aproveche para llamar la atención o regañar.
  • Criticar a los demás o burlarse de ellos.
  • Las discusiones desagradables y las conductas o lenguaje agresivos.
  • Hablar por teléfono. Conviene grabar los mensajes y reportarse después.