Nuevas tendencias, nuevas adicciones

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La obsesión por el culto al cuerpo el sexo, y la individualidad en el seno de la sociedad española son los ejes de una serie de nuevas tendencias, pero también nuevas adicciones, que tienden a crecer, como el ‘wellness’, el ‘chemsex’, las ‘single ladies’ o las ‘legal highs’. Al mismo tiempo, cada vez más, hay una cierta tendencia a rechazar el embarazo como si se tratara de una enfermedad.

‘Wellness’: convertir el bienestar en ideología

Una de las últimas en arraigar en la sociedad es el ‘wellness’, es decir la búsqueda de un equilibrio saludable entre mente, físico y emociones, con el objetivo de alcanzar un estado de bienestar general. Suena bien, pero cuando llega a convertirse en una obsesión algo está fallando.

Esa es la opinión de Carl Cederström, profesor de Teoría de la Organización (Universidad de Estocolmo), que junto con André Spicer, profesor en la Cass Business School (City University of London) ha publicado el libro The wellness síndrome (El síndrome del bienestar). El título ya lo dice todo.

Se trata de una nueva ideología que discrimina a quien no la sigue al pie de la letra. Hay que hacer deporte, estar delgado, comer alimentos orgánicos, relajar la mente y tener una actitud positiva en la vida. Si no, no estás en la onda.

Estos dos profesores afirman en su libro que esta búsqueda positiva de la salud y el bienestar individual se está transformando en un síndrome social que genera ansiedad y sentimiento de culpa.

Así, el cuerpo y la salud se están convirtiendo en el único “sistema verdadero, en el valor primordial”, advierte Spicer en declaraciones reproducidas el pasado 7 de mayo en La Vanguardia.

Se trata de una ideología que se asienta en señalar que el individuo es el responsable de lo que le pasa, algo que, según señalan los autores, es especialmente perverso en tiempos de crisis.

Wellness

Se prima así el bienestar individual muy por encima del bienestar general de la sociedad y los cambios estructurales que pueden producir mejoras colectivas. Practicar el mindfulness, explica Spicer a modo de ejemplo, puede ser positivo, pero se debe tener en cuenta que, además de vaciar la mente y desconectar, también hace falta mirar lo que sucede alrededor.

De esta manera, aquellos que se salen de la norma, como los obesos, comentan los autores, son considerados personas con poca fuerza de voluntad, seres débiles. Y este “síndrome social” que definen los autores es especialmente perverso en el mundo laboral.

A las personas en paro se les impone la idea de que con un pensamiento positivo y una buena presencia se puede encontrar trabajo. Con salarios cada vez más bajos, y jornadas cada vez más largas, las empresas introducen programas de bienestar para los trabajadores ofreciendo “felicidad y salud” en aras de una mayor productividad.

En ese sentido, otro de los ejemplos que citan los autores del libro es el cómo ha arraigado la individualidad en algunas empresas de Silicon Valley, en aras de buscar la máxima productividad de sus empleados haciéndoles pensar que están en una especie de crucero.

Cederström y Spicer consideran que la búsqueda del bienestar personal no se plantea como una alternativa a los modelos sociales imperantes, como una rebelión. Más bien es una forma de estar en el mercado, para no desentonar de este mainstream.

Así las cosas, ¿por qué ha cuajado está “ideología”?, se pregunta Norbert Bilbeny, catedrático de Ética en la Universidad de Barcelona. Bilbeny considera que en el fondo late una filosofía vinculada a la autorrealización en un momento de austeridad. Una época de capitalismo en recesión donde se pone el foco en el individuo y en su realización personal en “clave pobre”. Pero no debe confundirse la autorrealización con la autodeterminación y la emancipación, subraya, que sí que suponen una búsqueda de la libertad.

Los autores de El síndrome del bienestar advierten sobre los peligros de llegar a nuevas formas de discriminación, a la confusión de la ética. El riesgo reside en confundir la capacidad en el trabajo y la forma de encarar la vida con el modo en que el individuo cuida su salud. Y, sobre todo, dicen, darse cuenta que esta tendencia pueda ser una nueva forma de control social francamente inhumana, concluyen.

La ‘vigorexia’ como ejemplo

Una de las consecuencias lógicas de esa obsesión por el bienestar individual es la ‘vigorexia’ o dismorfia muscular, un trastorno mental en el que el individuo se obsesiona por su estado físico hasta alcanzar estados patológicos.

Estas personas tienen una visión distorsionada de ellos mismos y suelen percibirse como seres débiles. De esta manera, el trastorno incide directamente sobre su conducta alimentaria y sus hábitos de vida. Abusan así del ejercicio físico extremo y tienden a abandonar las relaciones sociales.

Legal hights un riesgo con atractivos envoltorios

El furor de las ‘legal highs’

Como contraste a ese supuesto bienestar individual del wellness’, y en busca de otro tipo de placer, proliferan cada vez más las llamadas ‘legal highs’ o ‘intoxicantes legales’, que causan furor entre la juventud. Se trata de drogas de diseño que no figuran en las listas de sustancias prohibidas, aunque imitan sus efectos.

Desde la Policía se advierte de que las ‘legal highs’ se encuentran en una especie de limbo legal, ya que estas drogas se fabrican a partir de elementos que, en sí mismos, no están prohibidos.

Sin embargo, debidamente combinados y ‘cocinados’ en laboratorios clandestinos, estos componentes dan como resultado una droga sintética que imita los efectos en el organismo de la cocaína, la metanfetamina o el éxtasis.

Además, estas drogas legales pueden ser tan peligrosas que las que forman parte de la lista de sustancias prohibidas, e incluso más, debido a que quien las consume no es consciente del peligro de sus efectos sobre el organismo o las dosis que puede tomar.

Uno de los ejemplos es la tristemente famosa Metilendioxipirovalerona (MDPV), más conocida como la “droga caníbal” por la agresividad que despierta en el consumidor.

Ese desconocimiento por parte de quien la consume es denunciado por la asociación Energy Control, especializada en el asesoramiento y el análisis de sustancias estupefacientes, que advierten de que las ‘legal highs’ cuentan con “escasos o inexistentes datos relacionados con su investigación clínica en animales y humanos”, según informaba el 24 de abril el diario ABC.

“Hay muy poca información disponible, y consiste únicamente en descripciones de las experiencias y conocimientos de unas pocas personas que las han probado”, añaden.

“La mayoría son drogas que no están fiscalizadas o controladas. Esto es debido a que no se ha detectado un consumo tan generalizado como para declararlas sustancias de abuso e incluirlas en las listas de sustancias fiscalizadas que tienen los diferentes países”, destacan.

Además, las ‘legal Highs’, que suelen presentarse con envoltorios muy llamativos y atractivos, se pueden adquirir en dosis individuales con relativa facilidad a través de internet, y de hecho existen varias páginas dedicadas a su promoción y venta que operan sin ningún tipo de problema.

chemsex

El ‘chemsex’ y las ‘single ladies’

Otra muestra de esta sociedad entregada al placer y la individualidad son los fenómenos del chemsex’, en el que sexo y drogas sin control son la nueva moda del ambiente gay; y el auge de las ‘single ladies, partidarias de la soltería y la cohabitación, que anuncian el fin del matrimonio tradicional como ideal supremo de la sociedad.

En el primer caso, médicos y expertos advierten de las consecuencias del ‘chemsex’ (Chemical sex. Sexo químico), una sustancia con la que, normalmente un grupo de gays, pueden estar varios días practicando sexo sin parar y con muchas personas a la vez.

Entre esos efectos, la dependencia a este tipo de sustancia tóxica y el incremento de infecciones de sida. De hecho, entre este colectivo hay una prevalencia del VIH del 14% y soporta seis de cada diez nuevas infecciones.

Estas conductas sexuales de riesgo pueden derivar en otro tipo de infecciones como la sífilis y la gonorrea, que estaban prácticamente erradicadas y vuelven a aflorar, hasta el punto de cuadriplicarse y triplicarse respectivamente en los últimos diez años debido a la promiscuidad entre gais.

El otro fenómeno en auge, las ‘single ladies’, vienen a ser el paradigma de la soltería entre las mujeres, y es defendido firmemente por la periodista norteamericana Kate Bolick, que ha publicado Spinster: Making a Life of One’s Own (Solterona: la construcción de una vida propia).

A pesar de que los dos pilares del estado del bienestar son el matrimonio estable y la descendencia, la soltería tiene cada vez más adeptas. Pero, ¿cómo se puede mantener ese bienestar viviendo como “solterona, sin matrimonios, sin hijos y con hogares unipersonales formados por mujeres que no se casan y viven y envejecen solas?

La protagonista de 9 meses con Samanta 768x330

El embarazo, como si fuera una enfermedad

Hasta tal punto el fenómeno de la soltería entre las mujeres se está asentando que incluso el embarazo, que siempre ha sido motivo de inmensa alegría en el seno de la familia, es tratado en la actualidad como si de una enfermedad se tratara, algo que en su momento denunció la asociación e-Cristians.

Una muestra de ello es el testimonio publicado por El País el pasado 3 de mayo. En “El embarazo no fue el camino de rosas que me habían pintado desde la infancia”, se entrecomillan algunas de las declaraciones de la protagonista del programa ‘9 meses con Samanta’, que ha estado emitiendo la cadena Cuatro.

“No puedo salir, no puedo fumar, no puedo montar en bicicleta… Pero eso no es lo peor. ¿Sabes qué es lo peor? […] Que no puedo quejarme, porque la gente se piensa que no me hace ilusión ser madre”. Estas son algunas de las afirmaciones que hace la protagonista.

La cuestión es que, aunque es de sobras conocido que el embarazo puede comportar algunos problemas, sobre todo en el caso de las primerizas, también lo es mucho más que es la auténtica fuente de la vida, de la continuidad de la humanidad.